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Qué difícil resulta hablar de DIOS.

Y más en un mundo donde la mayoría de las personas afirman tener la razón al respecto, y ni hablar de las religiones y de los religiosos.

Pero bueno, como diría mi abuela, cada loco con su tema. 

Hoy me he sentado a escribir sobre mi propia y particular experiencia con Dios. 

Durante muchos años tuve serias diferencias con él, porque le atribuía la responsabilidad de eventos terribles que tuve que vivir, también porque me parecía muy ingrato de su parte, que permitiera injusticias y atrocidades en el mundo entero.

¿Qué le pasa a este tipo (Dios)? me preguntaba con frecuencia.

A veces mi soberbia sobrepasaba todos los límites. 

Hoy ha pasado mucha agua bajo el puente de mi vida y he logrado reconciliarme con Dios, pero no fue porque tuve una aparición mágico-religiosa o porque obró en mí un milagro o porque leí un texto bíblico que de pronto sentí que me habló. No. Mi experiencia con él ha sido, quizá, mucho más terrenal, más vívida, más simple.

Luego de agotarme de mi forma de vivir y de mi constante insatisfacción e infelicidad personal, inicié un proceso de mejoramiento personal a través de una serie de herramientas y apoyado por profesionales en distintas disciplinas. Una de las cosas que descubrí, es que ninguna religión posee el monopolio de la sabiduría para convertirnos en mejores seres humanos!!!

Me pregunté ¿Por qué hay personas que viven su vida felices a pesar de sus problemas y no necesariamente son religiosos?

Eso me llevó a entender que, quizá, el primer paso para vincularnos de forma directa con Dios, es conectarnos con nosotros mismos, porque solo a través de la auto reflexión profunda y comprometida, logramos dar con todas aquellas cosas que nos aquejan y a las cuales les permitimos que nos pongan la vida de cabeza.

Al identificar todas estas cosas, tenemos la oportunidad de ponernos a trabajar de forma comprometida para ejecutar las acciones, tomar las decisiones o darle otras interpretaciones, que permitan una disposición diferente, modificaciones de conductas y por último, la tan buscada transformación personal.

Entonces, cuando nos "Hacemos cargo" de lo que nos pasa, incomoda, insatisface o aquello que hacemos nosotros, pero que le hace daño a otros, cambiamos nuestra vida y hacemos que la vida de otros cambie para mejor. Y, ¿Acaso esto no es ayudar al prójimo?, desde la sencilla acción de hacernos cargo de nuestras propias miserias y de no arruinarle la vida a los demás con nuestros comportamientos y accionar erráticos. ¿Qué otra cosa puede hacernos estar más cerca de Dios?.

Una vez que cambiamos nuestro modus vivendi, a través del darnos cuenta y del hacernos cargo, pues el paso que yo veo más lógico, es el de servir a otros desde nuestro propio aprendizaje, desde nuestras vivencias y experiencias, desde el ejemplo diario. A través del ejercicio del Liderazgo en tanto servicio a otros, Liderar es dar servicio a otros, si no es así, podría tener otro nombre pero no Liderazgo.

Si hay algo que me conmueve de la vida de Jesús, es precisamente la capacidad que tuvo para Servir a todos aquellos con quienes entró en contacto. Y si cada uno de nosotros se vuelve una persona que Sirve a otros, quizá estaríamos contribuyendo a tener una mejor familia, empresa, sociedad, país, mundo o universo.

Y para mi, servir a otros pasa por dos cosas:

  • La primera es, poner a disposición de los demás nuestros talentos, vivencias y experiencias de aprendizaje o crecimiento.
  • La segunda es, contribuir con alguien, aunque sea, única y exclusivamente con nosotros mismos. Imaginen que esa persona que conocemos, que vive o trabaja con nosotros, y que constantemente está quejándose de todo y por todo, milagrosamente, de un momento para otro, deja de hacerlo!!!!! ¿No estaría prestando un servicio a quienes lo rodean?. Pero seria aun mejor si utiliza sus dones en favor de otras personas también.

Recuerdo un video en el que un joven le pregunta al Dalai Lama, ¿Su santidad, cual es la mejor religión?, el sabio religioso respondió, aquella que te haga más bondadoso, aquella con la que te conviertas en un mejor ser humano. Esa es la mejor religión.

Esto me pareció maravilloso, y como pueden notar, desde mi personal manera de ver, conectar con Dios es sencillo y no requiere de intermediarios, solo basta con que te propongas, de forma decidida y comprometida, a ser un mejor ser humano todos los días, sin descanso, sin desfallecer. Las recompensas inmateriales son, definitivamente, mucho mejores que no hacerlo.

Y tú, ¿Te animas a convertirte en una mejor persona a partir de hoy?

LED

Coach Ontológico Profesional

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