undefined

A veces el miedo a intentar algo es mayor que el miedo a hacerlo realmente.

Dejar todo lo conocido por algo absolutamente nuevo se ha vuelto para mi una práctica normal. Salir de mi zona de confort definitivamente me ha hecho más recursivo, me ha ayudado a aprender cosas nuevas, a desarrollar habilidades y destrezas que de otra forma hubiesen permanecido en la oscuridad de lo desconocido. Permitiéndome relacionarme con el proceso de desaprendizaje, dejando a un lado todo aquello qué, aunque me sirvió en algún momento, ahora no me sirve para nada. Toca entonces volver a aprender.

Fluir, confiar y aprender es la consigna que rige mis actuales días. Darle oportunidad al aprendizaje en todas las acciones y ámbitos de la vida. Cada espacio, tiempo, situación y persona es importante en mi crecimiento y en la obtención de nuevos conocimientos. No importa cuán tóxicas puedan ser. Me desengancho rápido y aprendo lo necesario para seguir avanzando. Todo lo que llevo en mi equipaje espiritual, social, profesional, intelectual y emocional cuenta, nunca se sabe que puedes usar hoy de lo que obtuviste en el pasado. Hoy tiene más sentido la metáfora de unir los puntos que le escuche a Steve Jobs. Por eso no hay aprendizaje desechable, todo tiene un propósito, una razón de ser, todo lo que llega a nuestras vidas es porque lo necesitamos aunque no estemos de acuerdo o a gusto con ello, por incomprensible o inconveniente que nos parezca, llegado el momento hemos de agradecer por el aprendizaje obtenido y por todo lo vivido.

Hoy, he vuelto a por los fueros de radicarme en un lugar distinto a los 8° 0′ de latitud y a los 66° 0′ w de longitud, ese pedazo de cielo en la tierra llamado Venezuela. Dejar atrás el país de tus apegos, el lugar de tus ensoñaciones, de tus sabores, olores y colores, el país que te vio nacer y crecer no es fácil. Requiere mucho más que un ejercicio de reveldía o malcriadez. Requiere la valentía que te permite saltar al vacío y esperar que, en el proceso, te crezcan alas para poder volar. Es una fe ciega en que todo va a salir bien!!!. Es un proceso de reconstrucción personal. Es volver a empezar.

 

Lo más difícil es la separación espacial y momentánea de todo lo conocido, adorado y entrañable que ha delineado mi existencia. La lucha interna puede llegar a ser encarnizada y sangrienta, sin claros vencedores, solo queda un campo de batalla desolado y lúgubre, en medio de un silencio que enluta el corazón en medio de un mar de lágrimas que ahogan los pensamientos. Nada está claro, nada es seguro, todo es un maravilloso mar de incertidumbre que te llena de adrenalina y de miedo al mismo tiempo. Es la emoción de la montaña rusa, alegría y euforia, miedo y ansiedad, todo al mismo tiempo, todo en un instante, un choque fulminante.

Lo único que regulariza los avatares de las emociones es la respiración profunda y relajante, gracias a Dios que puedo respirar, es la herramienta que me mantiene estable en la tormenta tumultuosa de este camino maravilloso que he elegido.

Bienaventurados los hombres que tienen fe porque ellos no tendrán miedo. Es la frase que me repito todos los días y que me llena de energía. El panorama luce incierto pero no por ello desesperanzado, la vida en los peores instantes de mi existencia siempre me ha bendecido con algo inevitablemente mejor de lo que tenía, quizá sea cierto eso que dicen que los que nacemos enmantillados tenemos una especie de halo protector en nuestra vida, no sé si sea una constante, pero en mí lo es y eso no tiene porqué cambiar ahora.

Dios es bueno, siempre bueno.

No busco aprobación ni reproches, éste es simplemente un ejercicio de catársis. Un buen amigo decía con mucha sabiduría que "Cada quién hace de su vida un saco y se mete en él". Nunca le había visto tanto sentido a semejante frase. El saco de mi vida está lleno de personas y cosas maravillosas y otras que aunque no tan maravillosas le continúo dando un espacio en él, pero aunque hoy están allí estoy plenamente consciente que mañana pueden no estarlo, bien por decisión de ellos o mía y a pesar de ello, aún así seguiré con mi vida.

En la vida nada es permanente, todo fluye, todo cambia, todo está en constante mutación. Por ello, ni mis células ni yo estamos ajenos a esa máxima de la vida. Resistirse a ello es sufrir sin ninguna necesidad, en toda ruptura las lágrimas son necesarias pero el sufrimiento pasa a ser opcional.

Mil gracias por leerme, nunca nada me ha hecho sentir tan pleno como esto. No me considero escritor, pero plasmar en un texto todas las cosas que siento y pienso alegra mi existencia, que exista alguien que lo lea le da sentido a mi vida.

Un fuerte abrazo,

Luis Dávila
Coach Ontológico Profesional – COA/FICOP Nro.00306.
LED Formación y Coaching
Director – Fundador
www.ledformacionycoaching.com.ve
undefined