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Conocí a un Ángel

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Los Ángeles existen y tuve la dicha de conocer uno.

Fue hace unos pocos años. No tenía idea de que existieran, es decir, siempre tuve la impresión de que, si hay cielo, los ángeles estarían allí. Pero nunca pensé que pudieran ser de carne y hueso.

Era un Ángel alegre, muy alegre, su risa irradiaba todo lugar por donde pasaba. Resultaba difícil no darse cuenta que él estaba pasando por allí. Era como si lo rodeara un aura especial que hacía que todas las personas se fijaran en él.

Era un Ángel sensible, muy sensible, le entregaba su amor a todo y todos. Cariñoso y bondadoso con cada ser viviente con quién entraba en contacto.

Era un Ángel enérgico, muy enérgico, sus ganas de correr, de jugar, de amar, de vivir, de disfrutar de cada instante como si fuera el último era realmente maravilloso.

Era un Ángel bondadoso, muy bondadoso, hacía sentir bien a todos, incluso cuando no se sentía bien. Porque a veces no se sentía bien.

Era un Ángel fuerte, muy fuerte. Resistió con temple, los embates de una lucha desigual. Me enseño que lo importante no es cuántas veces te caigas, lo que en verdad importa es que seas capaz de levantarte. Y para eso no hay edad, solo hacen falta ganas.

Era un Ángel amoroso, muy amoroso. Podía ser capaz de llenarnos de emociones bonitas por las personas, por la vida, por Dios e incluso por todo aquello que no es bueno, porque a lo que no es bueno necesitamos darle amor.

Era un Ángel humano, muy humano. Tan humano que corrió la suerte que tenemos todos los humanos en nuestro destino, el Ángel nos dejó.

Éste Ángel se llamaba Marcelo y hoy cumple 2 años de su desaparición física. Para ser parte de un cielo que, sin duda, existe. Porque un cielo sin Marcelo estaría incompleto.

Hoy el cielo es un lugar mejor gracias a todo lo que le aporta Marcelo, hoy él está en un lugar maravilloso, un lugar sin sufrimientos, sin dolor, sin penas. Un lugar donde solo hay Amor.

Marcelo, hoy te volví a recordar desde la alegría de haberte conocido, desde la felicidad de tus carreras y tus risas. Tu paso por éste mundo fue corto, pero con un impacto hermoso y positivo en todos los que te conocimos. Siempre esperamos que se diera otro desenlace, pero entiendo que Dios tenía otro propósito para ti y era estar a su lado. Eso lo acepto desde lo más profundo de mi corazón. 

Agradezco a la vida por dejarnos conocerte, por enseñarnos tanto y por ser un faro de luz inagotable en nuestras vidas y sobre todo en la vida de Mayra Alejandra, Maycar y Kevin, la familia que te llenó de tanto amor.

Un fuerte abrazo,

Luis E. Dávila J.

Coach Ontológico Profesional

LED Formación y Coaching

PD: Dedicado a Marcelo (11 Nov 2011 - 02 Nov 2015)

Salto al vacío

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A veces el miedo a intentar algo es mayor que el miedo a hacerlo realmente.

Dejar todo lo conocido por algo absolutamente nuevo se ha vuelto para mi una práctica normal. Salir de mi zona de confort definitivamente me ha hecho más recursivo, me ha ayudado a aprender cosas nuevas, a desarrollar habilidades y destrezas que de otra forma hubiesen permanecido en la oscuridad de lo desconocido. Permitiéndome relacionarme con el proceso de desaprendizaje, dejando a un lado todo aquello qué, aunque me sirvió en algún momento, ahora no me sirve para nada. Toca entonces volver a aprender.

Fluir, confiar y aprender es la consigna que rige mis actuales días. Darle oportunidad al aprendizaje en todas las acciones y ámbitos de la vida. Cada espacio, tiempo, situación y persona es importante en mi crecimiento y en la obtención de nuevos conocimientos. No importa cuán tóxicas puedan ser. Me desengancho rápido y aprendo lo necesario para seguir avanzando. Todo lo que llevo en mi equipaje espiritual, social, profesional, intelectual y emocional cuenta, nunca se sabe que puedes usar hoy de lo que obtuviste en el pasado. Hoy tiene más sentido la metáfora de unir los puntos que le escuche a Steve Jobs. Por eso no hay aprendizaje desechable, todo tiene un propósito, una razón de ser, todo lo que llega a nuestras vidas es porque lo necesitamos aunque no estemos de acuerdo o a gusto con ello, por incomprensible o inconveniente que nos parezca, llegado el momento hemos de agradecer por el aprendizaje obtenido y por todo lo vivido.

Hoy, he vuelto a por los fueros de radicarme en un lugar distinto a los 8° 0′ de latitud y a los 66° 0′ w de longitud, ese pedazo de cielo en la tierra llamado Venezuela. Dejar atrás el país de tus apegos, el lugar de tus ensoñaciones, de tus sabores, olores y colores, el país que te vio nacer y crecer no es fácil. Requiere mucho más que un ejercicio de reveldía o malcriadez. Requiere la valentía que te permite saltar al vacío y esperar que, en el proceso, te crezcan alas para poder volar. Es una fe ciega en que todo va a salir bien!!!. Es un proceso de reconstrucción personal. Es volver a empezar.

 

Lo más difícil es la separación espacial y momentánea de todo lo conocido, adorado y entrañable que ha delineado mi existencia. La lucha interna puede llegar a ser encarnizada y sangrienta, sin claros vencedores, solo queda un campo de batalla desolado y lúgubre, en medio de un silencio que enluta el corazón en medio de un mar de lágrimas que ahogan los pensamientos. Nada está claro, nada es seguro, todo es un maravilloso mar de incertidumbre que te llena de adrenalina y de miedo al mismo tiempo. Es la emoción de la montaña rusa, alegría y euforia, miedo y ansiedad, todo al mismo tiempo, todo en un instante, un choque fulminante.

Lo único que regulariza los avatares de las emociones es la respiración profunda y relajante, gracias a Dios que puedo respirar, es la herramienta que me mantiene estable en la tormenta tumultuosa de este camino maravilloso que he elegido.

Bienaventurados los hombres que tienen fe porque ellos no tendrán miedo. Es la frase que me repito todos los días y que me llena de energía. El panorama luce incierto pero no por ello desesperanzado, la vida en los peores instantes de mi existencia siempre me ha bendecido con algo inevitablemente mejor de lo que tenía, quizá sea cierto eso que dicen que los que nacemos enmantillados tenemos una especie de halo protector en nuestra vida, no sé si sea una constante, pero en mí lo es y eso no tiene porqué cambiar ahora.

Dios es bueno, siempre bueno.

No busco aprobación ni reproches, éste es simplemente un ejercicio de catársis. Un buen amigo decía con mucha sabiduría que "Cada quién hace de su vida un saco y se mete en él". Nunca le había visto tanto sentido a semejante frase. El saco de mi vida está lleno de personas y cosas maravillosas y otras que aunque no tan maravillosas le continúo dando un espacio en él, pero aunque hoy están allí estoy plenamente consciente que mañana pueden no estarlo, bien por decisión de ellos o mía y a pesar de ello, aún así seguiré con mi vida.

En la vida nada es permanente, todo fluye, todo cambia, todo está en constante mutación. Por ello, ni mis células ni yo estamos ajenos a esa máxima de la vida. Resistirse a ello es sufrir sin ninguna necesidad, en toda ruptura las lágrimas son necesarias pero el sufrimiento pasa a ser opcional.

Mil gracias por leerme, nunca nada me ha hecho sentir tan pleno como esto. No me considero escritor, pero plasmar en un texto todas las cosas que siento y pienso alegra mi existencia, que exista alguien que lo lea le da sentido a mi vida.

Un fuerte abrazo,

Luis Dávila
Coach Ontológico Profesional – COA/FICOP Nro.00306.
LED Formación y Coaching
Director – Fundador
www.ledformacionycoaching.com.ve
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¿Cuantas veces te haz sentido sin esperanza?

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Cuando me invitaron a participar en la celebración del Día del Niño para las princesas y superhéroes de la Unidad de Terapia Antineoplásica (UTAN) del C.M. Dr. Guerra Méndez, ubicado en Valencia, sentí que mi familia y yo podríamos aportar nuestro granito de arena para los niños, niñas y adolescentes que luchan cada día como verdaderos guerreros contra el cáncer. El destino quiso que la charla llevara por nombre “Paz, Amor, Fe y Esperanza”. Y precisamente todo lo que entregamos ese maravilloso día fue muy poco si lo comparo con las cuatro lecciones que esos seres humanos nos dejaron:

Vivir en paz: Qué alegría ver a tantas personas que sin distingo de ningún tipo, ponen sus talentos al servicio de otros, persiguiendo un propósito mucho mayor que no es más que contribuir a la recuperación de los niños. En este equipo no hay tiempo para discusiones estériles, todos fluyen con lo que hay y con lo que cada quien es capaz de aportar; no hay juicios personales entorpeciendo las actividades; no hay egos tratando de colocarse por encima de los demás. Todos cohabitan en paz en el mismo entorno y compartiendo los mismos problemas, todo pasa a ser secundario porque tienen una causa superior. Lo más importante es que esos pequeños logren vencer al enemigo que los ha invadido. La paz interior solo es posible cuando aceptamos nuestras vivencias, las abrazamos y fluimos con ellas. Todos en esa sala me enseñaron que lo importante no es el diagnóstico, sino lo que cada uno hace con él. Saben que los médicos hacen su ciencia, Dios hace lo suyo y ellos aportan su actitud pacífica y positiva que les permite pensar con claridad y escuchar su intuición y corazón.


Dar amor: “Cuando se tiene un hijo se tienen todos los hijos del mundo…” reza el poema de Andrés Eloy Blanco. Sentir el amor en esa sala fue algo incomparable; esos ángeles tenían padres y madres por doquier: algunos con bata, otros vestidos de payasitos o repartiendo comida y todos, sin excepción, cuidando de ellos, no solo ese día, sino todos los días que asisten a sus terapias clínicas y también a sus terapias de amor que son necesarias para llenarlos de esa energía mágica que les permitirá salir airosos en su camino. El amor es el combustible que alimenta nuestros corazones y con un corazón bien alimentado nuestros pensamientos se vuelven más positivos y agraciados. El amor mueve el mundo, y la UTAN es movida por el infinito poder del amor de todas las personas que hacen vida allí.


El valor de la fe: Hace pocos meses, un bebé llamado Marcelo tenía un cuadro médico difícil, continuar con las terapias clínicas resultaba muy doloroso para él. El equipo médico y su madre decidieron darle fin a las terapias y darle más vida a sus días. Todo estaba en manos de su mami y de Dios. Marcelo pudo disfrutar de la celebración del Día del Niño con energía, alegría y vitalidad asombrosas. Su madre está feliz y la UTAN en pleno sabe que cuando la medicina y la fe trabajan juntas ocurren cosas extraordinarias. Él es el ejemplo vivo de ello y gracias a Dios continuaremos viéndolo jugar y crecer con su alegría desbordante y contagiosa. Marcelo es un milagro en proceso de realización.


Nunca perder la esperanza: La vela cuya luz y calor abrazamos en los momentos más difíciles, termina por ser suficiente para encender las velas del amor, la fe y la paz. Esa vela iluminó toda la sala en los ojos de esos ángeles, en los que brillaba radiante y efervescente la luz de la esperanza. A los guerreros: Rosibel O; Raúl D; Oscar E; Luisa M; Jesús M; Iranellys Y; Esteban R; Diego R; Deiker R; Daniel G; Sara S; Ricardo N; Ricardo A; Osman; Nathaniel Z; Maximiliano G; Marcelo B; Marcela O; Luis S; Luis D; Keynerlin B; Karla D; Karina G; Jesús N; Javier R; Isacar B; Gabriel G; Francesco C; Fabián A; David L; Daniel A; Crhistal G; Brian L; Ángelo F; Alnany V; Alcidez V; Abrahans A y Daniel A, iluminen a todos a su alrededor con la luz de la esperanza que hay en sus ojos y que habita en sus almas. Denle luz a sus familias, doctores y gentiles cuidadores.
En honor a las princesas y superhéroes de la UTAN

LED

Coach Ontológico Profesional

LED Formación y Coaching

Fundador - Director

@LEDforCoaching

LED@ledformacionycoaching.com.ve

Más allá del resentimiento

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Solo quien ha sido capaz de hacer a un lado sus juicios buscando respuestas a preguntas poderosas que remueven los cimientos personales, desde los recuerdos y experiencias tan profundas y dolorosas, puede reconocer en otros esa sensación que nos da el temor de vernos al espejo y ver nuestra alma. Hay oportunidades en las que nos abraza un pánico enorme de reconocer que a pesar de todo lo sucedido aún la tenemos y es precisamente nuestra alma la que anhela ansiosa que dejemos de juzgarnos y castigarnos tan duramente.

Personalmente he tenido la fortuna de descubrir que no soy perfecto. He cometido errores. De ellos he aprendido a tratarme con dulzura y compasión. De niño tuve experiencias ingratas que no voy a mencionar en este espacio y con las que cargué fielmente durante mi adolescencia y parte de mi vida adulta. No tenía idea del impacto e influencia de esas vivencias en mi desarrollo como persona, hijo, amigo, profesional y pareja. En ocasiones, el hecho de proponerme metas retadoras y lograrlas era motivo de celebración para quienes me rodeaban. Pero no para mí, todos me impulsaban a lograr más, pero a pesar de que acumulaba logros materiales y ascendía en mi carrera, no estaba conforme. Es una sensación de que a pesar de que logras lo que te propones aún sientes que estás incompleto, que te falta algo. Quizá solo mi madre y la que más tarde sería mi esposa intuían que había algo que no me dejaba sentirme satisfecho, feliz.

Siento que todos los que entraron en contacto conmigo de una u otra forma sufrieron las consecuencias de mi incapacidad de ver “eso” con lo que no me sentía bien. De mi incapacidad relacional. Hoy es probable que no pueda hacer nada por ellos ni por las relaciones rotas o conflictivas que sostuvimos. Solo puedo:

 

En primer lugar, disculparme con todos aquellos a quienes les falté o a quienes atropellé de alguna forma. La verdad lamento haberlo hecho, tan solo puedo esforzarme para no hacerlo con quienes actualmente me están dando una nueva oportunidad.


En segundo lugar, me he perdonado por no haberme dado cuenta de lo que hacía aunque siempre hubo ángeles generosos que pretendieron ayudarme sin ningún éxito. Porque hasta que yo no me diera cuenta, no podía ocurrir el milagro. Ya he dejado de lamentarme de mis errores y me ha parecido mejor aprender de ellos para lograr esa transformación y trascendencia personal que tanto he deseado.


En tercer lugar, tengo el genuino empeño de convertirme en un mejor ser humano, conmigo y con los demás. Para ello he tenido que renunciar a mi ego, a mis prejuicios de todo y de todos. Esto es probablemente lo más difícil que me ha tocado hacer.


En cuarto lugar, estoy plenamente seguro de que el éxito personal empieza desde dentro y no se construye con lo que adquieres o posees. He encontrado que soy capaz de ayudar a otros y además, me encanta, he aprendido que las personas que me agradecen por mi ayuda no saben que yo estoy siendo doblemente bendecido por dejarme ponerme al servicio de ellos desde mi experiencia de vida.


Desde que inicié mi trabajo personal hace poco más de cuatro años, “eso que he trabajado” se ha hecho tan visible que ahora lo difícil es no hacerme cargo cada día de mi existencia. Hubo respuestas que encontré gracias a preguntas grandiosas cuya belleza residía en que su simpleza desafiaba mis barreras mentales y comunicacionales mejor elaboradas. A todos los que me regalaron esas preguntas les doy mis más sinceras gracias. Aunque les confieso que yo también he contribuido a preguntarme cosas y la lista de respuestas pendientes sigue creciendo. Un amigo me dijo que lo bonito de aprender a esculpir tu propia vida es que es un trabajo que no termina nunca mientras estés vivo.

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Marcelo El Guerrero

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Justo al entrar noviembre, el mes en el que nací, renuevo mi compromiso con la vida, con mi existencia y con las decisiones que he tomado y las acciones que he emprendido durante el año. Pero éste año la llegada de este mes me trajo una conmovedora sorpresa. Uno de los Súper Héroes de la Unidad de Tratamiento Anti Neoplásico de la Clínica Dr. Guerra Méndez había entrado en Terapia Intensiva.

Es difícil no verse afectado con una noticia como esa. La deriva de nuestra existencia nos da la oportunidad de encontrar en nuestro camino dos tipos de personas, las que te quitan energía y las que te dan energía.

Marcelo es de esos seres que te da una transfusión de energía directa al alma, la risa a flor de piel, su derroche de vitalidad, pero sobre todo su coraje, valentía, gallardía, temple e inocencia. Marcelo también nació en noviembre, el día 11 de 2011 y la única diferencia entre él y el resto de los que lo conocimos, es que a él cuando tenía 21 meses de edad le sobrevino un cuadro de vómitos, mareos y dolores de cabeza y a los 23 meses (en Octubre de 2013) le diagnosticaron Epéndimoma Clásico, uno de los tumores malignos más agresivos dentro de los diagnósticos cerebrales infantiles.

A los dos añitos Marcelo fue operado en dos ocasiones, la primera para colocar una válvula de derivación y la segunda para extirpar el tumor casi en su totalidad. Luego recibió 10 ciclos de quimioterapia. Pero al finalizar el tratamiento, Marcelo se levantó irreverente, enérgico, animado y alegre. Llenando de energía cada cuarto, oficina, consultorio y lugar por el que pasaba. Depositando su ternura, amor, felicidad y risas en el corazón de quién se le acercaba.

Luego, a los tres añitos el Virus del Chikungunya le hizo recaer y después de una resonancia los galenos notaron que el tumor había ganado fuerza, tamaño y agresividad. Recibió un ciclo de radioterapia. Lo operan nuevamente para contra atacar al invasor y días después le realizan la cuarta intervención para reemplazar la válvula que se había obstruido. Recibió al niño Jesús entre ciclos de quimio y radioterapias. Se debilitó. En ésta ocasión tardó un poquito más que la anterior, pero nuevamente volvió a por sus fueros, lleno de vitalidad, gallardía, dignidad y amor, sobre todo mucho amor. Su energía se hizo omnipresente en todo lugar donde entraba, su luz iluminaba cada sendero con su paso veloz y en ocasiones errático.

Llegado enero de 2015 el equipo médico y sus padres deciden darle calidad a su vida con un tratamiento paliativo y mucha fe, amor y por sobre todo mucha esperanza. Pasó 10 meses impetuoso, indomable, incansable, lleno de vida y de ganas de vivir pero como en el Diario de Anna Frank, el malo ganó. El 2 de noviembre a las 11:02pm la toalla de la esquina de Marcelo “El Guerrero” cayó sobre la lona de su épica batalla por vivir. Pero para mí, lo único que cayó fue su cuerpo porque su alma se elevó al punto más alto de nuestras vidas, porque con su vida y lucha nos enseñó lecciones contundentes de Valor, Fortaleza y Grandeza.

Marcelo es mi excusa para celebrar la vida a pesar de todo y por sobre todas las cosas, cada instante que vivimos, cada bocanada de aire que llena nuestros pulmones, cada caricia, cada beso, cada abrazo, cada cosa que nos pasa y que vivimos son motivos suficientes para agradecerle a Dios el milagro de estar vivos.

Para mí, Marcelo y su familia son un ejemplo de vida, lucha y amor.

A Mayra Alejandra, Maycar y Kevin les agradezco todo lo que hicieron por Marcelo, el amor que le dieron y los sacrificios que les ha representado. No imagino ni un poco todo por lo que han pasado, solo puedo admirarlos, respetarlos y sentirme inspirado por ustedes.

Hay momentos en la vida en los que nos sentimos perdidos, pero cuando entendemos para qué nos ocurren las cosas, con el tiempo y la ayuda de Dios todo cobra sentido.

Un abrazo fraterno,

LED

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